8.04.2017

Mañana en la batalla piensa en mí, Maduro

Había pensado que ya esto me estaba quemando la vida y mi migraña volvió, y a veces esa resequedad en los ojos, y aunque mi vida es normal, aparentemente apacible y equilibrada, está por supuesto ese lado inquientante, esa sombra de esa identidad mía de la que podría renegar, pero para qué negarlo, me acompañará hasta el final.

Hoy me bañaba con un jabón marca Cien, que no se gasta, que estaba nuevo y que podía tirar a la basura para reponerlo inmediatamente por otro igual, sin que eso supusiese ningún descalabro económico para mí y pensaba que era solo una de las infinitas cosas que les quitaron.


Esa sombra he decidido alejarla un poco, desconectarla, aparcarla como quien deja el carro en el estacionamiento y no piensa en él hasta que termina la diligencia y tiene que volverlo a buscar. Entre esas cosas que idealmente podríamos hacer, esos consejos que nos da la gente preocupada por lo que pasa allá está por supuesto, seguir con la vida y hacer como que lo que ocurre no sucede, esa otra realidad, que debe ser ajena. Pero la sombra, la rabia y ese resentimiento que no se contiene, no se apaga, vuelven siempre.


Puedo desconectar los 4 telèfonos, la televisión, la computadora, pero entonces en mi mente salen aquellos recuerdos de mi infancia, esa gente que tanto quiero. ..en este momento solo la poesía me salva, la literatura, y recuerdo esa magnífica obra de Shakespeare, ese fantástico pasaje que redescubrí gracias a Marías y eso espero que alguna vez les pase, porque la Haya puede ser muy tarde, porque me gustaría que ese destino pudiera tenerlo hoy, que se le aparezcan todos los espectros de todos sus muertos como a Ricardo "Ricardo, tu mujer, aquella desgraciada Ana, tu mujer, que jamás durmió una hora en paz contigo, ahora llena tu sueño de agitaciones: mañana en la batalla acuérdate de mí, y caiga tu espada sin filo: ¡desespera y muere!"

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