8.26.2017

Alice. Milena Agus.

Me encantan las novelas que transcurren en Italia. Creo que una de las novelas que más he disfrutado de todas las que he leído ha sido "La conciencia de Zeno" de Italo Svevo, y los cuentos de Stefano Benni en ese libro prodigioso "El bar en el fondo del Mar" que fue editado por Seix Barral y que curiosamente ahora es casi imposible de encontrar su traducción al castellano.

Tal vez por esa nostalgia de vivir en Italia sin poder es que leo las novelas italianas transportándome abolutamente a la Toscana, Roma, Florencia o pequeños pueblos costeros en donde por supuesto, mataría por visitar.

Esta vez quise empezar Alice de una escritora que yo no conocía pero que  me atrajo porque estaba editada por Alfaguara y como estoy de vacaciones y he pasado un año muy duro, me dije a mí misma"Adelante, leámosla, aparte, transcurre en Italia...donde por los momentos, no puedes viajar".

Sinopsis:

Alice, una muchacha frágil, marcada por una tragedia familiar tiene que afrontar una niñez difícil. Cuando se presenta el momento de irse a estudiar a la universidad decide irse a vivir a Cagliari, la ciudad  Serdeña donde su familia tiene un apartamento. En ese eidificio la muchacha estrecha relación con sus vecinos (El de arriba, un violinista, Mister Johnson, la de abajo, Anna, una mujer pobre, trabajadora y algo ingenua). Las relaciones entre los tres apartamentos se van estrechando, profundizando y afianzando hasta hacer sentir a Alice a la gente de su edificio como miembros de su propia familia.  Así mismo van llegando nuevos personajes (todos familia de los de arriba o los de abajo). En el medio Alice, quien enamorada del hijo de Mister Johnson, narra las pericpecias y cotidianidades de sus enredos, traumas y obsesiones.

Apreciación:

Es un libro ligero, para pasar la tarde sin complicarse mucho y aunque los personajes son perfilados entrañablemente y el ambiente respira cortesía, camaradería y buen rollo, la novela termina  por quedarse en un recuento plano y a veces caótico de anécdotas y conversaciones sin que termine de tener un final del todo consecuente y bien estructurado.

Para mí depende mucho de qué se busque de esta novela:


  • Si lo que se procura es pasar un rato ameno sin mayores pretensiones, me parece una elección acertada. 



  • Si lo que se busca es leer una novela con cierta profundidad, rotundidad, densidad, gire la esquina de su biblioteca y busque francamente otro libro.


La traducción por momentos es pésima y hay inclusive ciertos errores de imprenta que me parecen inaceptables, aunados a  pasajes innecesarios y algunos seguidos tras otros que no tienen ningún tipo  de continuidad temática y jerárquica.
A pesar de todo el concepto de ingenuidad está muy bien trabajado y la razón son sus personajes cuya frescura y originilidad marcan inclusive el compás de la trama, te dejan como lector un buen sabor de boca, una brisa de optimismo y fe en la especie humana. "Sí, sí, podemos ser buena gente..." "¿o no?"

Yo si tuviese que puntuar esta novela del 1 al 10 le daría probablemente un 6 y nada más.


8.20.2017

Mi lucha. Un hombre enamorado. de Knausgård, Karl Ove

Acabo de terminar este segundo tomo de los 6 libros que componen la obra del noruego Karl Ove Knausgård. Y qué dicícil es a veces encontrar estas letritas que reproducen el alfabeto noruego.
La primera vez que vi la portada del libro fue en una Fcnac y costaba muy caro así que esperé un poco y luego me decidí a comprarla en formato Kindle porque costaba bastante más barato y mis finanzas nunca han sido muy boyantes.

El libro comienza con la odisea de un viaje de una familia del norte de Europa con sus tres hijos. Pero si crees que solo se trata de eso, o de que este viaje representa la aventura de Odiseo, pues no es el camino, aunque quizás sí, y ya explico por qué. Karl Ove Knausgård relata con una frialdad y humor negro lo que ralmente representa una simple excursión de un matrimonio con tres niños pequeños.

Que vaya, que hemos leído  3000.000000000 blogs de madrazas que describen al milimétrico detalle sus aventuras, que tú mismo con amigos intentas aprehender con palabras lo que significa esta simple experiencia, que alguien muy cercano que habla mucho te hace entender con toda clase de anécdotas sus peripecias viajeras. Y no. Jamás te harás una verdadera idea. Pero de pronto, a través de las líneas de Knausgård puedes vivir y comprender  lo que realmente es, porque elige un contraste, y el viaje no es solo un viaje, sino que es el viaje a la casa de unos cercanos amigos, sin hijos. Y esto lo coloco en mayúscula mejor :SIN HIJOS. Él con Linda, su mujer, y sus tres hijos en la casa de Michaela y su marido, otra vez, para qué ahorrar mayúsculas, SIN HIJOS.

El libro completo es un vaivén de descripciones que pueden ser incluso excesivamente cotidianas, pasando por una autoreflexión puntillosa, milimétrica de los contradictorios pensamientos, sentimientos y verdades de un hombre en la mitad de sus treinta, que se muda a otro país (Suecia) y allí ahonda la relación con quien será su segunda esposa y la madre de sus hijos.

Es una novela larga, Anagrama la cuenta con 640 páginas y sin embargo las horas en la que la lees se te hacen ligeras como copos de algodón, suaves como una seda, fluídas como el agua de un arrolluelo. Y es que la novela no se compone de una enrevesada estructura o un lenguaje demasiado denso, se deja llevar y te dejas llevar tú, preguntándote como lector por tus propias miserias matrimoniales, tus dudas como padre y como ser humano que friega el piso, lava los platos y cambia las sábanas: Mi lucha. Un hombre enamorado es la imagen de la vida, del tiempo y de la reflexión que hay detrás de todos nosotros.

Aprendí sobre las diferencias entre Suecia y Noruega y por qué, según la visión de Knausgård, los noruegos son más salvajes que los Suecos. Me quedaron ganas de visitar Suecia o los fiordos noruegos, de que viniese la navidad y de leer otra vez a Dostoieky. Me quedé un poco huérfana al terminar, como si esas personas a quien el noruego había descrito tan íntimamente las hubiese conocido yo realmente y de verdad (sabiendo que todo aquello era real y no ficción) hubiesen formado parte de mi propia realidad y no de la ficción de mi vida, esa en la que leo cosas que no me sucederán o donde me identifico con gente que no conoceré.

Pero tal vez es por eso que tuve ese sentimiento de orfandad al terminarla, porque sí, las cosas que describe y en las que ahonda Knausgård son mi vida, la de todos nosotros que lo leemos, el espejo en el que nos vemos no de manera extraordinaria tras una intensa experiencia, sino el de las noches de cansancio en donde mandamos cotidianamente al mundo entero a la mierda. 

8.11.2017

Venezuela es para mí...

Aún me recuerdo cuando acostada en un colchón que era más bien un catre (dormía al lado de mis padres porque estábamos en obras) miraba el pénsum de mi carrera, tratando de calcular los años que me quedaban para terminar. Estaba en el segundo semestre y en realidad me faltaban cuatro largos años para hacerme licenciada.

Han pasado muchísimo tiempo, en realidad tanto que he perdido los recuerdos nítidos, ya los ojos de las personas que veía todos los días se me confunden con sus narices, sus pelos y sus bocas.

En aquel entonces yo vivía en Venezuela. Un país que ahora mismo es  una imagen difusa y trágica de lo que era en aquellos tiempos en los que yo estudiaba literatura.
Pasé cuatro largos años  más en aquella universidad porque creía firmemente que al terminar trabajaría en  un buen liceo e iría a la playa de vez en cuando, vería mis series por cable y en algún momento conseguiría un novio con quien pudiese convivir y casarme. Creía y nunca pensé que vivir en otro país era una opción. No me interesaba, aceptaba mi país como suficiente, total, me bastaba. 

Yo me considero, a pesar de todo, una persona con mucha suerte. Pude salir de Venezuela y no he pasado hambre. Pero si comparo mi destino con el de un ciudadano europeo promedio, la verdad es que da un poco de lástima:
Tengo 38 años, dos hijos, un marido y todo lo que hice durante toda mi vida no sirvió para nada. No puedo comprar una casa, no puedo hablar bien el idioma del país donde vivo, y luego de haberme graduado con excelentes calificaciones he terminado en una escuelucha de formación menor en donde estudio con un montón de adolescentes que encima se ríen cuando parada al frente tengo que dar una exposición. Ahí sigo, poniéndome medias y zapatos deportivos para ocultar mi decrepitud, mi desubicación con respecto a dónde debería estar.

Este escenario, podría decirse, es la culminación de una larga lista de intentos para hacer lo que a mí me gusta, lo que me apasiona (dar clases de español). Pero en Alemania vivir dando clases de español si no has llegado al país joven es practicamente imposible, así que estoy haciendo algo que no es mi pasión y donde no me siento a gusto, pero que me permitirá ganar dinero en un futuro para solventar cualquier problema de mi gente en Venezuela.

Repito, soy una persona incalculablemente afortunada. Tengo salud, hijos sanos y comida, aprendo cosas nuevas, no sé conducir un auto, pero puedo andar en bicicleta y tengo spotify, lo que significa que puedo escuchar la música que me plazca cuando quiera. También tengo amigos con los que me divierto. No puedo pedir más.

Pero hay algo invisible en medio de todo este estable estado de las cosas. Todos los días, mientras puedo, me meto compulsivamente en twitter para ver las noticias de Venezuela. Apenas me importan las de Alemania, el país donde vivo. Mi obseción insoportable me llevó por un tiempo a atormentarme pensando de manera paranoica en las posibles soluciones que podría tener mi país. Por más que veía muchísimas cosas que se caían por su propio peso, por lógicas, me daba cuenta que allí simpre sucedía un designio diabólico o trágico que  empujaba a Venezuela a un nivel más avanzado de destrucción. Aún pienso que la tierra de Bolívar no ha llegado a su punto de caída más baja. Ojalá me equivoque pero siempre he visto con claridad lo que va a suceder. Por eso estoy aquí. Supe que si me quedaba allí mi vida correría peligro. Y la vida de cada una de las personas que vive en Venezuela ahora mismo corre peligro. 
Tengo familia. Tengo a mis padres. Ese peso invisible es una parte silenciosa de mi vida, el terror latente de la hambruna, la violencia, la mengua por falta de medicinas. Las enfermedades son algo que son parte de todos, y  ruego que mis padres no se enfermen ¿Qué clase de fortaleza tendré si esto sucede? ¿Cuál sería mi reacción ante la impotencia?

El domingo, en medio de mi febril obstinación miraba el móvil y vi a unos soldados diciendo que habían tomado la unidad 44 en Valencia. La gente emocionada cantaba victoria y se regocijaba porque unos militares habían hecho justicia, finalmente se iría Maduro de Miraflores. Pero inmediatamente pensé en Chávez, y cómo algun día también estuvo allí, dando un golpe de estado, revindicando las injusticias sociales. Caí en cuenta: se necesitaría mucho fuego para purificar, se necesitaría gente que de verdad quiera al país, se necesitarían muchos aviones y ganas y medidas acertadas, perfección en medio de la barbarie, del caos,de la muerte. Solo el dolor enseña, y pienso que no solo el dolor, también la inteligencia práctica. La capacidad de estrategia y la seriedad. Yo, mientras tanto, he decidido leer una novela romántica, a veces es bueno alejarse, me gustaría que mañana todo fuese distinto, sentirme ligera, ligera como esa pluma. Una persona ríe y te dice que te lo creíste, lo de Venezuela no era verdad, era una pesadilla, como cuando sueñas que tienes SIDA o que no has estudiado para el examen...pero la broma tiene demasiados años, y todos en el país nos hemos reído y le quitamos antes o después la seriedad que de verdad tenía. Ahora mismo todo es demasiado serio. Todo es demasiado triste. 

Dónde está la gente inteligente...me pregunto, tengo 18 años viendo cierta diabólica inocencia, diabólico optimismo en la oposición. El enemigo siempre ha sido superior. Empecemos a apelar a esos Davids, que son más listos que los Goliats. No está de más que se buscase gente tan lista como en Cuba, pero que trabaje para sacar a Maduro.

Ya.

No quiero seguir.

No sucede nada de lo que pienso.

Ya.

Se siguen muriendo los niños en las maternidades, se siguen muriendo los niños. Eso me basta para imaginar el horror. Odio que se mueran los niños. Es la cosa más atroz que puede existir. Hay cada día más madres desgarradas y familias destruidas, y hambre y miseria, y desesperanza, lágrimas, brutalidad, barbarie, fealdad.

Mi identidad se quedó en un recuerdo que ya va perdiendo las líneas y se difumina, mi corazón es carboncillo, y un dedo implacable lo masajea, un dedo implacable me aleja de lo que fue mi niñez y mi juventud, de lo que fui una vez. Buscarme otro yo, olvidar todo esto, sí, ligera de mentira, ligera negando que eso ocurre, olvidar y negar, negar siempre fue lindo, busquemos opio para  todos hasta que alguien abra la puerta, sí, y que la luz nos dé en la cara y nos diga que el buen sueño ahora comienza.

8.04.2017

Mañana en la batalla piensa en mí, Maduro

Había pensado que ya esto me estaba quemando la vida y mi migraña volvió, y a veces esa resequedad en los ojos, y aunque mi vida es normal, aparentemente apacible y equilibrada, está por supuesto ese lado inquientante, esa sombra de esa identidad mía de la que podría renegar, pero para qué negarlo, me acompañará hasta el final.

Hoy me bañaba con un jabón marca Cien, que no se gasta, que estaba nuevo y que podía tirar a la basura para reponerlo inmediatamente por otro igual, sin que eso supusiese ningún descalabro económico para mí y pensaba que era solo una de las infinitas cosas que les quitaron.


Esa sombra he decidido alejarla un poco, desconectarla, aparcarla como quien deja el carro en el estacionamiento y no piensa en él hasta que termina la diligencia y tiene que volverlo a buscar. Entre esas cosas que idealmente podríamos hacer, esos consejos que nos da la gente preocupada por lo que pasa allá está por supuesto, seguir con la vida y hacer como que lo que ocurre no sucede, esa otra realidad, que debe ser ajena. Pero la sombra, la rabia y ese resentimiento que no se contiene, no se apaga, vuelven siempre.


Puedo desconectar los 4 telèfonos, la televisión, la computadora, pero entonces en mi mente salen aquellos recuerdos de mi infancia, esa gente que tanto quiero. ..en este momento solo la poesía me salva, la literatura, y recuerdo esa magnífica obra de Shakespeare, ese fantástico pasaje que redescubrí gracias a Marías y eso espero que alguna vez les pase, porque la Haya puede ser muy tarde, porque me gustaría que ese destino pudiera tenerlo hoy, que se le aparezcan todos los espectros de todos sus muertos como a Ricardo "Ricardo, tu mujer, aquella desgraciada Ana, tu mujer, que jamás durmió una hora en paz contigo, ahora llena tu sueño de agitaciones: mañana en la batalla acuérdate de mí, y caiga tu espada sin filo: ¡desespera y muere!"

7.27.2017

Noche de rabia

Escala de factores.
 lo que pude haber afectado a una mujer loca.

El otro día  miraba por la ventana mientras el tranvía rodaba; las mismas tiendas de todos los días; para qué negarlo: Karlsruhe es anodina. El día estaba gris, nada que remarcar, y entonces me puse a pensar si yo realmente no estaba malgastando mi vida odiando al mundo. Tópico de cualquier ser que ha vivido. Esos días en los que odiamos hasta los ángeles vestidos con batolas. 

Te quedas amargada, claro, hay un cúmulo de factores para eso. En principio vas siempre en el mismo tren y piensas en cosas estúpidas y unos viejos te quedan mirando, te ven con desprecio, miras el espejo del tren y te das cuenta que tu aspecto es tan poco atractivo... ¿quién podría siquiera fijarse en ti con esas ojeras y ese pelo en este país de blancos? El caso es que nada en ti significa nada interesante, inclusive tu vida termina siendo un rosario aburrido de malas casualidades. 

Siempre que voy en el tren pienso en el precio del pasaje: 2,40 euros, algo injusto. No me gusta la injusticia y por eso me cuelo y no pago cuando puedo. Me gusta hacerlo como un acto de insurrección, como una especie de rebeldía, como la venganza generalizada, si yo me jodo, que se jodan tus ideas, la filosofía, el mundo entero. Dices hola al llegar a tu destino, te miran de arriba a abajo, no contestan, se dirigen al otro que acaba de llegar. Por supuesto, tu eres menos importante. 

Hace tiempo una compañera de clases me dijo que yo era un alma demasiado buena. Tan buena que la gente se terminaba aprovechando de mí. Claro, en aquel instante analicé mi vida y me di cuenta que  era así porque yo era por un lado demasiado estúpida, y por el otro un ser violento, lleno de rabia interior, que grita a sus personas de confianza sin miramientos. Ese lado bueno, qué fastidio, no me atrevo a que me rechacen, es algo que va en mí, un afán perfeccionista imposible, irritante. Eso me produce muchas frustraciones, como es lógico. 

Creo que esa madeja matizada de rollos absolutos, de eléctricos revoltijos del corazón me ha hecho un ser profundamente asqueado, tremendamente sensible a que se te vayan los días teniendo que reverenciar la estupidez humana. 

Supongo que pasados muchos años, cuando el tiempo nos consume para siempre, solo somos lo que escribimos y nos quedamos ahí, atrapados en esas líneas que en realidad solo significaron chispazos y para nada son esa corriente vital, normal, que en realidad nos define. 

Hoy tengo rabia, después de escribir esto, menos. Mi ser ideal es un ser que sabe controlar sus emociones, la mayoría de las veces no lo consigo, por eso escribo esto. Para quedarme calladita en el mundo tridimensional, para no gritar y decir una cadena infinita de improperios. Siempre es mejor congelar el espíritu vengador, jamás fui una heroína. 

5.19.2017

Hoy de nuevo

Hace casi dos años escribí por última vez en este blog.

Pensé que lo iba a dejar definitivamente, lo olvidé por completo y no estuve aquí por muchísimo tiempo.

Me han pasado cosas durante estos dos años. Mis hijos han crecido, cada vez saben hacer más cosas y cada vez más se van perfilando, yo voy conociendo sus debilidades, temo secretamente.

 Intenté hacer un negocio dando clases de español, supongo ha sido mi propia persona la que ha debido influir en el hecho de que no he podido ganarme la vida con ello, me gustaba muchísimo, por Dios, cómo no podría gustarme, era mi vocación, pero no tengo un título europeo, no tengo ningún papel alemán, de nada sirve si vives en un sistema educativo sustancialmente diferente al título que habías conseguido. He hablado de ello bastante en este blog, ese trabajo que nunca llegó, a pesar de que invertí 7 años de mi vida preparándome para ello. Pero nada de lo que es mi realidad quita quien soy y lo que me gusta.

Durante mucho tiempo tuve muchísimos problemas de ansiedad. Leí libros sobre ello, visité una psicóloga y me alejé un poco del acontecimiento que me llevó a tener miedo (quería sacar mi licencia de conducir y no pudo ser).

No sé si es prudente ver la vida solo desde un resquicio. Allí creo que radica mi error. Me envuelvo siempre en esas cosas que no son hermosas y que nos pasan a todos. Las cosas hermosas pasan todos los días, las tenemos delante de nuestros ojos y son la antítesis de los problemas más incómodos de la vida. Si estamos sanos, qué mas importa, de verdad, eso ya es hermoso, debe pensarse así, eso es la vida.

Durante este tiempo empecé un Ausbildung que es como una cosa de formación profesional en donde
me encuentro con gente a quien no le gusto, y sinceramente no he aprendido a estar con gente a quien no le gusto. Es un error que muchos tenemos, cómo superar esa sensación incómoda.

Estuve en Londres este año y estaba acompañada constantemente durante dos días por esa sensación. Convivir con ello y que no se te salten las lágrimas, convivir con ello y no sentirte pequeño, no pensar que eres menos porque eso sucedió. Qué hermosas estas frases que no son verdad. No puedes convivir con ello y pensar que no sucedió a menos que tus genes te hayan regalado una personalidad lo suficientemente psicópata para no sentir dolor por ti mismo, porque evidentemente tienes que aceptarlo: es desagradable. La vida es un pedo raro, una indigestión emocional, a veces.
Ahora lo realista sería decirte es desagradable y dejar que el tiempo te aplaque. Entonces te dices a ti mismo: mientras leo un libro, miro el horizonte, me tomo un baño, beso a alguien. Recuerda que te seguirás sintiendo mal por un tiempo.

Durante mi vida he tenido una cantidad de fracasos considerable.
No importa cuán lento va mi cerebro, simplemente soy lenta y torpe, y aburrida. Pero ahí está, todos nos somos seres maravillosos, te puedes divertir contigo mismo siendo todo eso. Mi consejo: pasa de la gente a quien no le gustas, la vida puede regalarte personas con quienes de verdad te sientes bien. Espera.

Así suma la confianza. La tolerancia a la frustración es la cosa más importante que hay en la vida, alegrarte por saberte un fracasado que se enfrenta a un período de tiempo indefinido para aceptarlo todo, los éxitos, la muerte.

A pesar de eso, tu objetivo también debería ser buscar el sitio en la tierra menos doloroso posible. No hay países subdesarrollados o desarrollados, ni mejores o peores que otros (A menos que esten en guerra, no haya comida, ni medicinas, ni seguridad). Hay países compatibles. Ciudades combatibles, ahí se debe ir.

Para mí Alemania fue ese amor perfecto que luego se transformó en tedio, luego lucha, luego ...

Vivo en Alemania, Ich möchte raus.
No eramos compatibles, a pesar de eso, debo permanecer.

Para mí como para todos los seres de la tierra, en los procesos de dolor, exilio y adaptación: Viel Glück.


Hoy me ha provocado ver cine japonés.

3.05.2015

Emigrar de Venezuela . Basura. Quedarse en Venezuela, una Basura x 2.

Hoy no he podido dormir.

He pasado una noche mala.

Vi la hora en el despertador de al lado de la cama y marcaba las 3.46

Son las 5.49 y sigo aquí.

Lo he intentado todo.

He dado unas 300 vueltas en la cama, primero con cojines, segundo con la sábana.
Nico se despierta,  no me importa ir a ver qué le pasa.

Lo invito a venir a nuestra cama, de pronto con su calor y la sensación de tenerlo cerca me ayuda a dormir.

No funciona.

Algunos solo aspiran poder transportar unos cuantos litros de agua desde una gran distancia.

Algunos que no los maten un día más.

Otros poder ver la luz del sol.

Yo solo aspiraba algo que para mí era importante...

Tener oportunidades.

Sin embargo he tenido que aceptar como tras unos 3000 literales intentos no he podido obtener aquí en Europa una sola, pequeña, minúscula oportunidad.

Nunca pensé estar en esta situación.

Tal vez si mi país no se hubiese deteriorado tan rápidamente, tal vez hubiese sido mejor que hubiese estado siempre deteriorado.

Entonces siempre hubiese sido un sueño hermoso poder irse.

Mis padres hubiesen sido conscientes de ello, me hubiesen preparado desde que era niña, cuando de verdad lo aprendemos todo y podemos serlo todo.

Pero nunca nadie pensó que lo mejor que nos podía pasar era esto:

Intentar llegar a un país donde eres un intruso.

Solo por sentirte seguro.

Solo por tener qué cómer.

Solo por ir al supermercado y encontrar jabón y papel higiénico.

Solo por tener la oportunidad de comprar un Ibuprofeno.


Nadie lo supo. Si lo hubiese sabido, en vez de estudiar frenéticamente psicología o letras, o qué se yo todo lo que hice allá, para trabajar en mi país, me hubiese preparado concienzudamente para huir.

Nadie creyó que sería apremiante huir.

Nadie se imagina que ese país (en donde nadie se preocupa por obtener su liberación) sería tan terrible...

Y el futuro...lo puedo saber, ahora sí.


La opresión será mayor, la necesidad de salir cada vez mayor, la basura que es emigrar a Europa será cada vez la representación del paraíso  y la libertad.

Si lo hubiésemos sabido hubiésemos hecho un poco más.

¿Verdad?

2.05.2015

Mi nueva página de clases de español en Karlsruhe

Mi espacio de trabajo
Solo quiero presentar mi nuevo proyecto, uno que me está costando un mundo, porque con dos niños no se puede hacer mucho Spanisch Karlsruhe

Como sabrán mi camino por Europa no ha sido fácil. Estudié literatura, qué se le va a hacer, hay tantos literatos como estrellas brillantes en el firmamento...

He estado 3 años aprendiendo alemán y ahora puedo considerarme con un nivel aceptable del idioma aunque aún sufro, pero bueno, hay que lanzarse.

La cosa es que estoy trabajando en esta página que está principalmente dirigida a personas alemanas que estudian español. He decidido incluir bastantes textos en alemán, pero los textos correspondientes a niveles más altos están, por supuesto, en español.


Si pueden ayudarme a difundir esta página, se los agradezco enormemente. La he hecho principalmente con inicio de un proyecto que he querido montar aquí en Alemania y transformarlo en negocio. Creo que es una forma de poder darme a mí misma trabajo y , por qué no, emplear en un futuro a gente que quiera también dedicarse a esto.

Por ahora, he dispuesto una oficina en mi casa y estoy pensando en irme a Ikea y comprar algunos muebles que sirvan a los alumnos para dar mis clases.


Es un proyecto en el que tengo un año trabajando y lo hecho principalmente entre las cinco y las 7 am porque es el único momento en el que mis hijos me dejan libre y en el que funciono mentalmente mejor.

Mi ilusión es por supuesto poder conseguir suficientes alumnos para pagar los gruesos impuestos alemanes y de paso tener un dinero con el que me pueda sentir útil.

Pero bueno, el proyecto lo he empezado prácticamente a ciegas, mis alumnos particulares siempre han estado contentos conmigo, así que no veo por qué buscar más una vez mis niños vayan al colegio.

En fin, quiero darles las gracias por haber llegado hasta el final de este post. Gracias por el apoyo que me brindan entrando a esta página. Me encanta que entren a mi blog, no sé si lo he dicho antes abiertamente.




2.03.2015

La pastilla

Voy a una farmacia aquí en Karlsruhe. Quiero una caja de Paracetamol, tengo últimamente fuertes dolores menstruales.

La mujer me da una caja. Pregunto cuánto cuesta. Pasa el código de barras de la caja por un lector. Veo el número en letras verdes, son exactamente 2,78 (dos euros con setenta y ocho céntimos). Pregunto si puede darme otra.

Me dice que no. 

No quiero otra caja para tomarme las pastillas como si fuera coca cola. En realidad es para mis padres. En Venezuela no hay medicinas.  Estoy por mandar una caja a mi familia. Cuando comencé a vivir en Europa no mandaba a Venezuela absolutamente nada. Luego, con el tiempo, cuando la situación política se fue pareciendo más a lo que habían prometido, empecé a mandar pequeñas cosas esporádicamente. Me daba cuenta que mis padres aprovechaban y compraban ropa y zapatos cuando venían a visitarme, me decían que allá no había mucho. 

Ahora mismo, veo  que las promesas de crear el comunismo del hombre del siglo XXI se han hecho realidad. Todo se me parece cada vez más a los cuentos de ciencia ficción que nos llegaban de Cuba, por allá en el 95. Las realidades absurdas de limpiar una poceta con una concha de naranja. 

Me miro haciendo la caja. Instalo ordenadamente chocolates, champús, tubos de detergente, jabones, desodorantes, pequeños paquetes plásticos de crema de maní (estos para mi tía que gana un sueldo mísero y no llega a fin de mes), lavaplatos. 

Ese día el alemán me sale mejor. Soy muy tímida, normalmente no digo la mitad de las cosas que pienso, y no me atrevo a hacer ni el 10 % de lo que quiero hacer. Soy una persona bastante retraída.
Me atrevo a decirle a la mujer que vengo de Venezuela y que por favor, las pastillas no son para tomármelas yo sola, sino que tienen un destino altruista, son para mis padres, pobres personas, que viven en Venezuela y que no tienen paracetamol por si les duele algo. 

La mujer creía que Venezuela era un paraíso tropical.

Yo le digo que sí, que sí lo es, pero que allí no se consiguen medicinas, ni ropa, ni comida, y hay mucha violencia.

Se me queda mirando largamente, dentro de su mente alemana calcula las posibilidades de darme una nueva caja de Paracetamol. Toma la caja y me la vende. 


Yo salgo triunfal de la farmacia, aunque el significado de mi triunfo no sea la victoria sino la tragedia.

1.08.2015

Vecinos inconclusos

Mi hijo va a un Kindergaten justo debajo de mi edificio. Vivo en una construcción respetable de 17 pisos. Todas las mañanas bajo al pequeño que llora y se resiste con un pretexto distinto según el día. A las 13.30 de la tarde con extrema puntualidad se reúnen los padres de los infantes a esperar que se abra una puerta eléctrica y se agolpan desesperados tratando de llegar primero y así poder sacar de las sillas en corro a los impacientes niños. Mueven la cabeza de un lado a otro, soy una entre una multitud. Los alemanes suelen ser altos, a veces no consigo estirar suficientemente la cabeza para que Nicolás me vea.


En el edificio de al lado vive una mujer desgreñada con la que me he encontrado algunas veces. Al principio la vi arrastrar a tumbos a dos varones. Uno de ellos  con pies tremendamente torcidos y el otro siempre con un jolgorio, atolondrado, parece buscar unos pájaros imaginarios que le revolotean encima de la cabeza. Hace unos meses descubrí que uno de sus hijos va al mismo Kindergarten de mi hijo. Algunas veces cruzaba mi mirada con ella pero advertía que la mujer me esquivaba tenazmente. Su mensaje era de fastidio. En mi desesperada necesidad de hacer amigos pensé que hubiese sido una buena idea abordarla y preguntarle sencillamente "qué tal" pero desistí inmediatamente de la idea al reconocer que no había por su parte ningún tipo de simpatía y por otro lado  mi alemán era tan penoso que no lograría conversar con nadie cuya paciencia no fuese su gran virtud.

Hoy me he encontrado otra vez con ella y la he forzado a decirme los buenos días. No sacaré nada más que eso, pero en estos días de viento (que odio) y de ausencia absoluta de luz empiezo a imaginármela como una escritora atormentada, con esas canas repartidas, los pelos sin peinar a causa de una noche de desvelos, siempre usando el mismo abrigo de invierno. Se me ocurre esto y siento una especie de felicidad. La imaginación es sencillamente una droga poderosa.

Y pienso más cosas.

Es una auténtica artista incomprendida. Tiene 5 libros publicados. No concede entrevistas. Prepara en estos momentos la novela de su vida. Esta vez quiere abarcar el tema de la DDR porque extraña su lejana Dresden. Es sumamente tímida pero piensa en mí como un posible personaje para sus próxima novela sobre los inmigrantes. Soy una heroína.